Archive for the ‘nutrición’ Category


Parece mentira cómo puede haber tanta diferencia entre 100 gramos de patatas cocidas o crudas (ni tan siquiera llega a las 100 kcal.) y los mismos 100 gramos de patatas fritas (ya sean las típicas de hamburguesería o las “patatillas” o snacks en bolsa, que pasan de las 500 por el mismo peso). Hoy intentaremos aclararte al menos en parte este hecho.

La patata tiene un gran contenido en almidón, compuesto que, por naturaleza, tiende a absorber una cantidad importante de líquidos, una especie de “esponja” natural, que en su estado normal se nutre de agua. Llegamos al proceso de fritura, donde se produce el violento cambio: La temperatura con la que se fríen las patatas es superior a 100º, pero inferior a la temperatura de cocción del aceite (casi el doble), por lo que ya te puedes suponer lo que pasa: El almidón de la patata pierde agua por lo que procede a absorber el aceite en caliente.

Ten en cuenta que el agua tiene 0 calorías por contra del aceite, que en estado puro tiene casi 9 kcal. por gramo (estamos hablando casi de grasa pura). Además, un aceite que, al freírse, convierte sus grasas insaturadas en saturadas, siendo más perjudiciales para el organismo que las propias del aceite en crudo. Por lo tanto, tampoco creemos que debas renunciar al sabor de una buena patata frita, pero si moderar el consumo de las mismas.

Las patatas fritas son irresistibles y eso todos lo hemos podido comprobar alguna vez en que no quisimos consumirlas pero comenzamos con una y ya no fue fácil controlar su ingesta. Está reacción tiene un fundamento fisiológico que a continuación te contamos,es decir, te damos la razón por la cual no podemos comer una sola patata frita.

Al parecer, la raíz de esta conducta es la grasa contenida en las patatas fritas que desencadena en el intestino la producción de sustancias llamadas endocanabinoides, que son similares a los compuestos que contienen drogas como la marihuana.

Este efecto del consumo de grasas se comprobó en ratones y no sucedía ante la ingesta de hidratos y proteínas. La secreción de endocanabinoides conduce a señales que provocan ansias por continuar consumiendo alimentos grasos, así una vez que la patata frita tuvo contacto con nuestra boca, resulta muy complejo consumir una sola.

Si bien en el futuro se piensa utilizar los datos de esta investigación para crear terapias que obstruyan la producción de endocanabinoides en el organismo y así, nos permitan controlar la ingesta de alimentos grasos, en la actualidad, podemos emplear esta información a nuestro favor para evitar la ansia por comer más y más.

Es decir, podemos intentar reducir el consumo de alimentos con muchas grasas en su composición que sabemos nos empujarán a buscar más y sobre todo, debemos colocar frente a nosotros porciones reducidas de los mismos, pues ya sabemos que si frente a nosotros hay una bolsa de patatas fritas no podremos dejar para después la mitad de la misma.

Por eso, al momento de consumir frituras, bollería u otros productos ricos en grasas, llevemos a la mesa el producto en la cantidad que deseamos consumir y no más que esto. De esta manera, ya no tendremos que sufrir la ansia por consumir más y las consecuencias de no poder controlar la ingesta debido a estas sustancias que tanto nos impulsan para seguir comiendo.

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Esta es una  de las preguntas más frecuentes entre quienes, a pesar de correr y correr, no han logrado bajar de peso. Quisiera utilizar este artículo para mencionarles varias de las respuestas que pudieran ajustarse a su situación particular. Si logras encontrar la tuya, será más fácil hacer lo necesario para no tener que hacerte la antipática preguntica nunca más.

Tienes mucho tiempo corriendo temprano en la mañana y en ayunas. Correr en ayunas hace que poco a poco pierdas masa muscular la cual,  junto con las vísceras de tu cuerpo, (corazón, pulmones, hígado, etc.) son los tejidos metabólicamente más activos y gastadores de energía. Por cada kilo de masa muscular que pierdas, tu cuerpo deja  de gastar 70 Kcal./d. Hay corredores que tienen hasta 8 kilos menos de músculo de lo que deberían tener, comparados con sujetos sedentarios. En  ese caso, sus cuerpos gastan hasta  560 Kcal menos.

Te volviste anoréxico y atleta del año al mismo tiempo. Si resulta que comenzaste a hacer muchísimo ejercicio y simultáneamente una dieta de atún y piña, lo más probable es que hayas activado en tu cuerpo un mecanismo permanente de reserva y ahorro energético y por lo tanto lo has hecho sumamente eficiente. El cuerpo en vez de pensar en gastar kilocalorías, lo que quiere es ahorrar energía como loco por la hambruna a la que lo tienes sometido. Nos interesa que el cuerpo sea ineficiente y derrochador de energía si queremos adelgazar.

Te compensas diariamente por el ejercicio realizado. “Hoy sí me como esa tortica porque corrí  una hora completica” si esta frase te suena probablemente estés pensando que correr una hora te permite comer lo que sea y créanme que lamentablemente no es así de fácil. Por lo general sobreestimamos la energía que gastamos y subestimamos la energía que comemos. Por poner un ejemplo, ustedes pueden estimar rápidamente las kilocalorías que gastan trotando en plano, si multiplican su peso por la distancia recorrida. Ej. 10 km x 60 Kg. = 600 Kcal.Estas 600 Kilocalorías te las puedes comer en menos de 5 minutos con estos alimentos:

Torta 150 g / 1 trozo mediano Pizza 200 gr (2 slices)
Chocolate 113 g Helado 240 g (1 taza)
Tequeños 5 tequeños pequeños Maní, pistacho, merey 100 g
Bebidas alcohólicas 200 CC (poco menos de 1 vaso) Galletas dulces o saladas 130-150 g

Pasas muchas horas sin comer. Cuando esto sucede comes con muchísima hambre y compulsivamente lo que deriva en comer de más y, cuando te das cuenta de que estás full, realmente ya estás que te revientas. Además, cuando le llega mucha comida al cuerpo de una sola vez, él utiliza lo que puede en el momento, pero debe almacenar el resto y en consecuencia vas acumulando grasa día a día.

Necesitamos un déficit de energía acumulado de 7000-7500 Kcal para perder 1 kilo de grasa corporal. Esto quiere decir que si nosotros necesitamos 2000 Kcal para mantenernos como estamos, debemos comer todos los días menos hasta lograr el déficit necesario para llegar a nuestra meta. Si tú necesitas 2000 Kcal y todos los días comes 1500 Kcal, cada mes perderás 2 kilos de grasa corporal. (500 Kcal/d x 30 días= 15.000Kcal de déficit / 7500Kcal/Kg. = 2Kg. de grasa)

Espero hayas encontrado tu respuesta y si es así, manos a la obra.

Visto en: Soymaratonista

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Se suele usar el falso mito de que el flato son gases, pero intentemos averiguar cómo se produce y cómo solucionar este dolor que aparece de forma tan repentina.

El flato (‘side-ache’, ‘subcostal-pain’ o ‘stitch’, en inglés) es un dolor que tiende a situarse entre el pecho y el abdomen a la altura del músculo diafragma y, lo más curioso, suele aparecer en las actividades físicas que implican carrera. Por esta razón existen muchas teorías que explican el dolor por las oscilaciones de la carrera debido a la tensión de los ligamentos que unen el estómago con el diafragma. Además, también explicaría que al comer o beber más (estomago más pesado) aumentan las oscilaciones, y por lo tanto, el flato.

Otra teoría: una referente al flujo sanguíneo explica que cuando realizas actividad física, la sangre se dirige hacia los músculos implicados y se restringe al diafragma, provocando dolor y, además, al comer o beber, el diafragma no recibe sangre ni oxígeno suficiente. Esta teoría indica que el flato estaría asociado a problemas en la respiración por falta de oxígeno. Por otra parte, una tercera teoría explica que cuando se sobrecarga el estómago, se irrita el peritoneo provocando dolor.

El tema del flato tiene lagunas. Lo más acertado es pensar que se puede atribuir el flato a alguna de estas causas, y que por separado o en conjunto, hacen aparecer este molesto dolor. Lo que sí puedes hacer es seguir los siguientes consejos para poder prevenirlo.

¿QUÉ HACER PARA PREVENIRLO?

– Principalmente, para evitar el flato es conveniente tener una adecuada salud digestiva y evitar la acidez o la inflamación intestinal. Estos problemas gastrointestinales se pueden solventar teniendo una buena alimentación.

– Procura disminuir las oscilaciones. Evita las cuestas hacia abajo, vigila tu calzado y la técnica de carrera, sobre todo para cuidar la amortiguación.

– Evita quedarte sin oxígeno, respira de forma controlada retrasando la aparición de hipoxia.

– Mejora la técnica de carrera para evitar el rozamiento de las vísceras y la irritación del peritoneo.

– Para evitar que el estómago tenga mucho peso, procura hacer la digestión antes de ponerte a correr. Date tiempo (unas 2-3 horas) después de comer y evita comidas copiosas.

– Cuando tengas sed, mejor dar pequeños sorbos que grandes tragos de golpe.

– Disminuye el ritmo en carrera, haciéndola más suave.

– Realiza un entrenamiento de la musculatura respiratoria.

¿QUÉ HACER CUANDO APARECE?

– Sigue caminando y no te pares de golpe. Presiona la zona del dolor (generalmente debajo de las costillas, en los músculos intercostales) y flexiona el tronco poco a poco hasta que vaya desapareciendo el dolor. Acto seguido, realiza una extensión del tronco en la zona donde se tenga el dolor, llevando el brazo del lado donde se sitúa el dolor por arriba de la cabeza y hacia el lado contrario. A los pocos minutos, sigue caminando.

– Realiza unas cuantas espiraciones para vaciar el aire de los pulmones y favorecer la relajación del músculo diafragma.

– Siéntate y tómatelo con calma. Estira la musculatura abdominal para estabilizar las vísceras y evitar que las oscilaciones afecten en mayor grado.

– Si el dolor se hace insoportable, lo más aconsejable es parar la actividad para evitar que el problema se agrave. Es recomendable una visita al médico si los problemas persisten.

Visto en: Foroatletismo

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La de hoy es una entrada de las de hacer sangre, sí. Y es así porque es del todo intolerable comprobar cómo determinadas empresas y determinados señores se quieren aprovechar y finalmente se aprovechan, queramos o no, de:

 El candor de la población general para sacarles el dinero con un supuesto método mitad basado en supuestos principios científicos y mitad en preceptos energético-filosófico-chinos, y

 El buen hacer o de la buena imagen que en principio tiene las profesiónes de médico y de dietista-nutricionista.

En esta entrada se va a poner en tela de juicio el funcionamiento de una máquina quesupuestamente analiza las intoleracias que una determinada persona presenta ante alimentosconcretos (nada más y nada menos que a 193 alimentos) en base al meridiano [entiendo que es un meridiano “energético”] que, de nuevo supuestamente, pasa por el intestino grueso según la medicina tradicional china. ¿Sorprendidos? Esperen que aun hay más.

Después, en base al “diagnóstico” de la maquinita, se hace un plan dietético en el que se eliminan aquellos alimentos a los que supuestamente (hoy habrá muchos “supuestamente”) el incauto es intolerante después de haberle comido el coco con un rollo cientifista. Con todo ello se pretenden eliminar, supuestamente, las frecuentes jaquecas que el incauto pueda tener, su estreñimiento e incluso controlar los alimentos que le “engordan” y así adelgazarlo. Pero esto es aparte, es decir, se paga, aparte.

¿Les suena a chino? Pues a mí también me sonaba así, en especial hace tres años cuando me invitaron al plató de un programa de televisión para hablar, así, sin mayor explicación, de las intolerancias alimentarias y me encuentro con este “pastel”, cuando además, ya habían empezado. Para ponerles en antecedentes les dejo que vean el vídeo de mi intervención en dicho programa (son 20 minutos, así que si quieren ir a por algo para comer, usen el “pause”)

En su día creí que era una extravagancia aislada. Sin embargo, recientemente, diversos dietistas-nutricionistas y médicos están siendo visitados por los representantes de estos artefactos con el fin de ponerlos en su consulta. La voz de alarma me la han hecho llegar varios compañeros (a dos de ellos les llamaré amigo 1 y amigo 2 porque quieren reservar su anonimato al máximo) sin cuya inestimable colaboración al aportarme los datos no sería posible escribir esta entrada.

En concreto amigo 1, me cuenta que fue visitado por una comercial que tiene la empresa que comercializa este… este… artilugio, que al parecer tiene nombre y se presenta como Test ELMA de Intolerancias Alimentarias (desconozco si “ELMA” es el acrónimo de algo o simplemente se trata de una licencia creativa de su imaginativo inventor). La comercial se presentó según su tarjeta de visita como psicóloga y nutricionista, pero indagando un poco más, ni una cosa ni la otra. En fin, en palabras de la propia comercial:

“Esa biorresonancia [proceso por el cual, supuestamente, la máquina realiza su análisis] pasa de una mano a otra penetrando hasta las capas del intestino y allí es donde analiza qué alimentos es a los que uno es intolerante y los que no… incluidos minerales y vitaminas. Todo esto, claro, lo sabe leer la máquina, y solo ella. Con de toda la información que da la máquina, luego, el “profesional” que realiza la prueba [biorresonante] filtra algunas cosas en función de las sensaciones que percibe con cada persona”

Habiendo dicho la comercial que todo está basado en sesudos estudios científicos y que queda más que constatado en diversas publicacionesamigo 1 le pidió que por favor le diera alguna referencia de dónde encontrar dichos avales. La comercial, con más cuajo que farruquito a los mandos de un Ferrari, le dijo que trasladaría su petición al departamento correspondiente de su empresa y que le haría llegar tal información. Pues bien, han pasado más de dos meses yamigo 1 aun espera las “pruebas” en cuestión.

¿Saben cuánto cuesta esta prueba a día de hoy? pues alamigo 1 le dijeron que no menos de 100€ y siempre por grupos de 5 pacientes. Es decir, el propietario de la consulta o del espacio reúne a 5 incautos y cede el espacio de su consulta para que la psiconutricionista en su papel de pluriempleada para la empresa (dejando de lado su faceta comercial), viene con el chistófano este y hace las 5 pruebas, y te deja una comisión de 20€/paciente (¡!)

En fin. Por su parte el amigo 2, también dietista-nutricionista, conoce a fondo el tema. A él le destinaron (luego diré porqué digo le “destinaron” y quién le destinó) a recibir un curso de formación por la vía de urgencia para manejar el cacharro y… para hacerse cargo del enorme caudal de incautos que generó una oferta de páginas web como LetsBonus, Groupalia y otras más que habían conseguido trincar al precio de 100€ (en “oferta” claro, porque su precio “normal” era de 300€)… a, pásmense, 2.000 personas para hacerse el test ELMA. Y como el bono caducaba en 4 meses pues había que darse prisa para recaudar esos 200.000 € de ingresos (¡!).

¿Saben donde recibió amigo 2 su formación? ¿creen que será un centro naturo-taoista? Pues no. La recibió nada más y nada menos que en el rimbombante “Instituto Europeo Estético” y ¿saben dónde estaba trabajando amigo 2 cuando lo destinaron a recibir tal formación, saben dónde tuvo que pasar este tipo de consulta al estar contratado? Pues según me cuenta en laCínica Teknon… ¿no me creen? Aquí tienen un par de “pantallazos” de la publicidad que en su día hacían las páginas web antedichas de este tema.

Quiero imaginar, es más, quiero pensar, que la Clínica Teknon no tiene nada que ver con esta tomadura de pelo (por no llamarla estafa directamente) y que serán algunos “profesionales” los que alquilando algunas de sus dependencias hacen este tipo de “transacciones económicas”. De hecho en la página web oficial de la Teknon no hay referencia alguna a que se use este test.

Pero la cosa no acaba ahí, no. Amigo 2 me comenta que en el curso de formación le enseñaron a manejar los escasos controles que tiene la máquina para que con cada paciente haya, sí o sí, algún tipo de “luz amarilla” o “luz roja” que justifique la posterior intervención dietética y así continuar con la sangría. No se puede dejar que todo salga en verde: En palabras del propio manual de instrucciones del cachivache en cuestión:

Hay que subir el filtro del programa hasta que los estimulantes como el café o el té, o el salmón salgan con una intolerancia moderada (en color amarillo). Esto es así [según las explicaciones del manual] porque todo el mundo tiene que ser intolerante a los estimulantes o al salmón (¿?)

Además, científico curioso como es mi amigo 2, se hizo el test ELMA él mismo en días consecutivos… algo “prohibido” según el manual ya que de esta forma el meridiano del intestino grueso (cuya energía se mide en el punto “ting”, aunque no me hagan mucho caso en esto) sesaturaba y claro, pasaba lo que pasaba, que amigo 2 no obtuvo el mismo resultado ni un solo día (ay, ay, ay amigo 2… ¿pero no te lo diste cuenta que estabas saturando tu meridiano?). Amigo 2 también pasó el test a la mesa del despacho. Descubrió que estaba ante una mesa intolerante a la lactosa.

Después de esta experiencia, o mejor dicho, durante la misma, amigo 2 me ha confesado que pidió que por favor le rescindieran el contrato… se le caía la cara de vergüenza al envilecer su profesionalidad con estos cuentos y se fue. Cuando él salía, había un proceso de selección con un porrón de candidatos para cubrir su vacante… sin comentarios.

Bien, tanto por si quieren hacerse el test de marras como si quieren estar sobre aviso, en la actualidad existe una empresa que se dedica de forma masiva a explotar el filón biorresonante deltest ELMA de intolerancias alimentarias [Inciso: la biorresonancia según la wiki (ya ven) es: “un método «alternativo» de diagnóstico y tratamiento de enfermedades considerado por la ciencia médica como práctica pseudocientífica. Según sus proponentes, cada enfermedad está asociada a un supuesto «desequilibrio biofísico-energético», y el tratamiento consistiría en «restablecer este equilibrio». Como muchas terapias alternativas, aborda el concepto de enfermedad desde un punto de vista holístico. Estas teorías carecen de fundamento científico que expliquen su funcionamientomás allá del mero efecto placebo”. Fin del inciso]

La empresa a la que me refiero es Nutri10 que tiene en su página web y en su blog asociado unaretahíla casi infinita de artículos y documentos que explican y justifican la utilización de este test. Todos de cosecha propia y sin la menor referencia bibliográfica seria. Pero lo peor de lo peores cuando pueden llegar a marcar, mejor dicho, a estigmatizar la alimentación de un niño después de haberle hecho el consabido test

Me gustaría saber si las asociaciones de consumidores, más en especial OCU y FACUA, están al corriente de este tema. Estaría bien que investigaran y movieran sus hilos ya que en la mayor parte de las ocasiones son de los pocos que terminan consiguiendo algo en estos o parecidos temas. Pedir (a los reyes magos poco menos) que las autoridades sanitarias tomen cartas en el asunto es prácticamente utópico. En fin.

Paciencia y les seguiré informando ya que, lo crean o no, un amigo me va a proporcionar un tesoro con un valor incalculable: El manual de instrucciones de la prodigiosa ELMA. La cosa promete.

Visto en: 20 minutos.es

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En los últimos tiempos estamos bombardeados desde distintos frentes acerca de la necesidad de luchar contra el estrés oxidativo, minimizar los efectos de los radicales libres y la conveniencia de suplementarnos con antioxidantes. No cabe duda que la excesiva producción de radicales libres tiene implicaciones para la salud en general, y para el rendimiento físico en particular.

 

 

En relación al ejercicio, que es lo que nos ocupa a nosotros, la controversia está servida en relación a la necesidad o no de suplementación con antioxidantes, al menos de manera regular. Que el organismos produce más radicales libres durante el ejercicio es un hecho, que el organismo se adapta habitualmente a este “estrés oxidativo” es una realidad, que necesitemos suplementos antioxidantes de forma permanente no está claro, y que esa suplementación de antioxidantes pueda afectar al rendimiento negativamente al perturbar las adaptaciones fisiológicas es posible.

En este sentido, un grupo de investigadores griegos (Nikolaidis y col, 2012; Oxid Med Cell Longev -13 agosto) han publicado recientemente un artículo interesante sobre este tema, y en concreto sobre la suplementación exógena con vitaminas C y E. Recientes evidencias sugieren que la administración continuada de vitaminas C y E, pueden afectar negativamente al rendimiento al interferir en los procesos fisiológicos de adaptación al estrés oxidativo. Los estudios disponibles, tanto los realizados en humanos como en animales, ofrecen resultados conflictivos sobre sus efectos sobre el rendimiento.

Aunque con frecuencia consumimos todo aquello que desde análisis no muy rigurosos y con el apoyo mediático de diferente índole, se nos indica como excelente para la salud o el rendimiento, en el caso que nos ocupa y en vista de los resultados de las investigaciones, puede que no esté recomendado un consumo permanente de dosis no fisiológicas de vitaminas C y/o E en los deportistas.

Visto en: Actividad fisica y salud

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La idea de que la ingesta calórica determina, ella solita,  la cantidad de grasa que perdemos, es una falacia.

¿Qué me diríais si os dijera que podría darle a dos hermanos gemelos la misma ingesta calórica, pero con dietas diferentes, y conseguir que uno gane peso y otro lo pierda? Y no me estoy refiriendo a llevar planes de entrenamiento diferentes.

La teoría de la ingesta calórica no se sostiene. Veamos por qué:

1.- La fuente importa. ¿Realmente hay alguien que piense que se va a perder la misma grasa ingiriendo 1.500 calorías gracias a la ingesta equilibrada de fruta, verduras, y carne y/o pescado que con siete Donuts al día? Si aportan la misma cantidad de calorías, ¿no se debería perder el mismo peso o grasa? Esto es lo primero que tendrían que plantearse los fanáticos de las calorías. Y no suelen hacerlo.

2.- El gasto importa. Existe una tendencia a tener en cuenta el consumo calórico y pasar por alto el gasto. Lo que está claro es que si una persona realiza una ingesta que supera el gasto calórico, ganará peso. Mientras que aquellos que gasten más que ingieran, lo perderán. Pero, ¿sabías que el tipo de alimentación condiciona el gasto? Una dieta equilibrada puede aumentar sustancialmente el consumo calórico del organismo al incrementar su rendimiento, lo que ayuda a perder grasa. En cambio, una dieta mal equilibrada y que no aporta los nutrientes esenciales, puede provocar el efecto contrario: disminuye el gasto y dificulta la pérdida de peso.

3.- El sinsentido de las fórmulas. Hilarante, digno de un monólogo de Buenafuente. ¿Cuántos de vosotros habéis ido a un especialista donde os pasan un cuestionario en el que preguntan cuántas horas de ejercicio hacéis a la semana? En algunos casos incluso dan a elegir entre menos de dos, entre dos y cuatro, cuatro y seis, o más de seis. ¿En serio? ¿No os parece un poco de risa? ¿Da igual, entonces, la naturaleza del propio ejercicio o la intensidad a la que se desarrolla? ¿Será lo mismo andar en la cinta 3 horas a la semana que invertir este mismo tiempo en un entrenamiento serio de fuerza? Lo más ridículo es, según este sistema, una persona que realiza HIIT tres días a la semana (el sistema de entrenamiento cardiovascular de altaintensidad que llevamos a cabo en el Reto y nos permitió perder 16Kg en 16 semanas) estaría realizando menos de una hora semanal de ejercicio. Resultado: se le considera sedentario, sin gasto calórico extra derivado de la práctica deportiva. Lo dicho, de risa.

4.- La pérdida de peso puede derivarse de la pérdida de grasa, músculo, o agua. No obstante, parece que la báscula sea infalible. Me gustaría hablar de algo que se está convirtiendo en habitual: la falsa delgadez. Un fenómeno más habitual en mujeres que en hombres… hasta ahora. Todo empieza por la necesidad imperiosa de perder peso. Esto provoca que la gente se someta a ayunos y demás animaladas. Vale, pierdes algo de grasa, pero resulta que una gran parte es masa muscular. El problema es que, con el tiempo, uno vuelve a ganar esa grasa pero la masa muscular perdida no se recupera. Esto te obliga a regresar al plan que tan buenos resultados te aportó en un primer momento. Este proceso se repite una y otra vez, perdiendo una gran cantidad de masa muscular por el camino. Al final, nos encontramos con un tipo que se podría considerar delgado en términos de Índice de Masa Corporal (IMC), pero con un porcentaje de grasa que supera el 30%.

5.- Metabolismo de emergencia. El organismo se las sabe todas. No podemos engañarle. No paro de repetir que el médico más sabio de este mundo tiene menos de 100 años de experiencia, mientras que nuestra especie lleva superando todo tipo de obstáculos y aprendiendo y adaptándose en el proceso desde hace millones de años. ¿Realmente crees que vas a poder engañarle con dietas trampa? Hazlo y te acabará pillando y te costará una barbaridad volver a ganarte su confianza. El organismo tiene una capacidad asombrosa para mantener la vida. En este sentido, es capaz de adaptar el gasto calórico tanto como considere oportuno en caso de que vea amenazada su supervivencia. Es por ello que, en caso de restringir demasiado la ingesta calórica, sobre todo en el aporte de ciertos nutrientes esenciales para la vida, muchos de ellos presentes en las grasas, nuestro sistema podría llegar a activar un proceso metabólico denominadoMetabolismo de emergencia. Este proceso consiste básicamente en gastar menos todavía. Sin importar las calorías que ingieras.

Visto en: Menshealth.es

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Te bajan la tensión, reducen tu colesterol, mejoran tu rendimiento deportivo, te ayudan a perder peso o desatascan tu congestionado intestino. Se conocen como “alimentos funcionales”, los fabrican grandes empresas como Danone, Unilever, Pascual o Kaiku, y si los tomas con regularidad, tus problemas de salud remitirán o desaparecerán.

¿Te lo crees? Yo no. Pero parece que mi escepticismo no es compartido por buena parte de la población, que ha acogido estos milagrosos productos con entusiasmo y los ha convertido en superventas con cifras de facturación de 2.900 millones de euros al año. La crisis parece haber frenado un poco el crecimiento del sector, ya que los alimentos funcionales suelen ser más caros que los que no lo son. Sin embargo, las marcas siguen apostando por ellos, sabedoras de su atractivo para un público cada vez más preocupado (¿u obsesionado?) por la salud.

¿Y por qué no me creo las maravillas de los actimeles, danacoles, vitatens, proactivs, l.caseis, omega treses, activias y demás inventos con nombres futuristas? En líneas generales, porque existen escasas o nulas evidencias científicas que demuestren sus presuntas virtudes. Como dice el escritor y activista Michael Pollan, las afirmaciones que se leen en sus etiquetas o que se escuchan en sus anuncios “suelen estar basadas en datos incompletos e investigaciones deficientes”.

En su ultrarrecomendable libro Saber comer, recién publicado en España, Pollan ofrece 64 reglas básicas para comer bien. La octava es bien clara: “Evita productos que afirmen ser saludables”. Y la 42, también: “Sé escéptico ante los alimentos no tradicionales”. El autor estadounidense emplea como ejemplo la margarina, uno de los primeros productos industriales que afirmó ser más beneficioso para la salud que el alimento que sustituía. Años después de su invención, se supo que sus grasas trans eran mucho más perjudiciales para el organismo que las de la mantequilla. “La comida más sana del súper (los productos frescos) no alardea de lo saludable que es”, escribe Pollan. “Sólo los grandes productores disponen de medios para conseguir que las autoridades sanitarias les aprueben esos lemas con los que venden sus productos”.

La gran pregunta es cómo lo consiguen. Por qué nuestras autoridades sanitarias o alimentarias se muestran incapaces de obligar a las marcas a no decir mentiras, o mejor dicho, a no vender medias verdades o a afirmar hechos no demostrados.

El profesor y experto en bioquímica de la Universidad de Murcia José Manuel López Nicolas ha escrito mucho y bueno sobre el tema en su blog Scientia. En sus largas y documentadas entradas, desentraña los trucos que utilizan productos como el VitaTEN de Kaiku, el Actimel de Danone o la leche fermentada con L. Casei de Hacendado para poder publicitarse como saludables. ¿Que la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) les impide publicitar las supuestas virtudes anti-tensión arterial y pro-defensas de los lactobacilus y demás bacterias-prodigio? Pues añaden a sus bebedizos potasio o vitamina B6, sustancias que sí están reconocidas legalmente como beneficiosas en esos terrenos, y santas pascuas.

Lo absurdo del boom funcional es que alimentos normales y corrientes poseen la misma o mayor cantidad de esas sustancias, y son mucho más baratos. López Nicolás pone dos ejemplos clarividentes: además de muchos otros nutrientes, un plátano aporta el triple de vitamina B6 que el Actimel o el L. Casei de Hacendado y cuesta tres veces menos. De igual forma, un aguacate contiene cuatro veces más potasio que un VitaTEN, y cuesta un 15% menos.

El profesor añade una reflexión a mi entender importantísima: “Según los últimos estudios nutricionales la deficiencia de potasio es muy rara en individuos que consuman una dieta equilibrada y no hay necesidad alguna de consumir suplementos en circunstancias normales”. Lo mismo ocurre con el traído y llevado omega-3: con tomar pescado azul con cierta frecuencia, es más que suficiente. Yo aplicaría esta lección a todos los productos procesados enriquecidos con minerales, vitaminas o sustancias maravillosas: si tu dieta es variada y rica en alimentos frescos naturales, no necesitarás en absoluto de toda esa magia industrial.

Capítulo aparte merecen los productos de soja, la planta fetiche por excelencia del tinglado funcional-saludable. No tengo nada contra la salsa de soja, el tofu o cualquier alimento tradicional basado en ella. Pero cada vez que oigo palabras como “isoflavonas”, “proteínas vegetales texturizadas”, “lecitinas” y demás mandangas, me echo a temblar. Da igual que no existan estudios científicos serios que demuestren las bondades de la soja en la menopausia o contra el colesterol: los supermercados siguen llenos de sus esotéricos derivados. Por si alguno todavía no se ha enterado, vuelvo a recordar el libro de Pollan, que cita a un alto cargo de la FDA, el organismo controlador de los alimentos en EEUU: “La confianza en los derivados de la soja como alimentos seguros está claramente basada más en una creencia que en datos contrastables”.

Las bebidas isotónicas, por su parte, acaban de recibir un buen varapalo científico. Un estudio de la revista médica British Medical Journal y la BBC pone en cuestión que líquidos como el Gatorade, el Lucozade o el Powerade mejoren el rendimiento físico o la recuperación tras el ejercicio. Lo que sí parece claro es que dichas bebidas son auténticas bombas de azúcar: entre 40 y 60 gramos por litro. El informe habla de una “sorprendente falta de pruebas” y aporta datos bastante tremendos: el 97,3% de los estudios en los que las empresas basaban sus afirmaciones carecían de rigor o directamente inaceptables.

La revista habla también del pasteleo entre la industria alimentaria y determinados científicos, que avalan virtudes no contrastadas de productos a cambio de una retribución económica. Algo que muchas personas relacionadas con este negocio saben, y que a mí, personalmente, me ha llevado a tomar la decisión de no dar bola a ninguno de los tropecientos estudios sobre las virtudes saludables de la cerveza, el vino, el queso, el café o el chocolate que se publican cada año. Ante la imposibilidad de saber de verdad quién los paga, me quedo sólo con los de instituciones de independencia y fiabilidad comprobada. Que son bien pocos, por cierto.

La misma sana desconfianza la aplico a todo producto que me venda sus propiedades beneficiosas para mi organismo. Entiendo los motivos de la industria para fabricarlos: la dificultad para hacer negocio con los alimentos de toda la vida les empuja a apostar por otros “de valor añadido” con los que pueden obtener un mayor margen. Al fin y al cabo, no hacen más que aprovecharse de la vagancia del consumidor, que prefiere confiar en ellos antes que esforzarse en mantener una dieta razonable. “Muy pocos ciudadanos leen la composición de la mercancía que adquieren y simplemente se dejan sugestionar por los reclamos de las etiquetas: ‘con omega 3’, ‘reduce el colesterol’, ‘bajo en grasa’…”, escriben el chef Andoni Aduriz y el filósofo Daniel Innerarity en Cocinar, comer, convivir. “Que los mensajes sean contradictorios, incompletos o que tengan fisuras informativas importa poco dentro del torbellino de datos en el que nos movemos actualmente”.

A título personal, yo prefiero cuidar mi cuerpo ingiriendo la mayor variedad posible de verduras, frutas, pescados, lácteos, cereales, frutos secos y demás productos poco o nada procesados. Ellos me proporcionan toda la salud que necesito, están mucho más ricos y me cuestan menos dinero.

Visto en: El pais.

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